Daños Psicológicos: ¿Cómo nos afecta un accidente de tráfico?
19 de julio de 2017
Autor: Patricia Andres del Riego, abogada.
El accidente de tráfico es un acontecimiento imprevisto para el que no estamos preparados. Tras el mismo, se desencadenan múltiples situaciones con diversos daños psicológicos que varían dependiendo de la persona y sus circunstancias personales.
Cuando hablamos de “víctimas”, y de los daños causados a la misma, es un pensamiento común de la mayoría de la población, pensar en lesiones físicas y daños materiales. Quizá porque nuestra mente relaciona imagen con consecuencias, en muchas ocasiones nos dejamos llevar solo por lo que nuestros ojos trasmiten a nuestra mente en un simple impacto. Esta valoración es errónea, dado que tras un accidente de tráfico así como, cualquier hecho traumático, existen consecuencias, que en ocasiones son incluso más graves que las físicas, que no son visibles, ese perjuicio son los daños psicológicos.
¿Qué ocurre tras un accidente de tráfico?
Un accidente de tráfico provoca un trauma conocido como inminente. Lo podemos sufrir nosotros directamente, o bien otras personas, siendo conscientes de que podemos vernos involucrados. A todos, absolutamente a todos, nos puede ocurrir, se trata de azar. No solo depende de ello nuestra propia responsabilidad, si no también el mal uso de la responsabilidad ajena. Es por ello, que los accidentes son evitables, o bien con una mejor educación vial o mejorando las infraestructuras.
Una vez que te ves involucrado en un accidente de tráfico, este te puede afectar de diversas formas:
- Generando una crisis en lo que hasta el momento era una rutina diaria. Esta circunstancia perjudicará todos los aspectos que construyen a una persona, hablamos de identidad como ser social, que se verá afectada por el trauma que ha supuesto el accidente.
- Suponen una agresión a la integridad física de la víctima. Las lesiones sufridas por el trauma se verán reflejadas en el no poder hacer del día a día, a partir de ese momento, y los daños psicológicos serán el reflejo de todo ello, por el impacto emocional que las circunstancias traen consigo.
Daños psicológicos
Por daños psicológicos se entienden el deterioro de las funciones psíquicas de la víctima producido de forma súbita e imprevista. Dentro de los más relevantes pueden señalarse el daño psíquico secundario a lesión cerebral, el daño psíquico secundario e impacto emocional con sus neurosis y trastornos por estrés postraumático.
Este perjuicio no se desencadena solo en accidentes que podamos catalogar como graves, por sus consecuencias o dinámicas, dado que cada individuo puede reaccionar de forma distinta ante una misma situación. Al igual, que no solo podemos limitar este perjuicio a la persona que sufre directamente el accidente, dado que en algunas ocasiones, los propios testigos de accidentes que originan muerte o heridas graves a otras personas, también sufren este perjuicio. Este daño psicológico se agrava o aumenta cuando en el mismo resultan afectados menores de edad.
La inminencia del accidente de tráfico hace difícil encajar sus consecuencias, vemos como de la noche a la mañana ha cambiado nuestra vida, y tenemos que asumir esa situación sin tiempo para asimilar, sin despedidas, etc.
Pérdidas Imprevistas
Dña. Pilar Bravo, psicóloga especialista en seguridad vial, en una de sus ponencias hizo referencia a la importancia que supone perder a un ser querido en un accidente de tráfico, ya que se trata de una muerte “imprevista” y es muy difícil hacerle frente.
“El accidente siempre es algo imprevisto y no da tiempo a poder prever qué va a suceder. Además, en la mayoría de los accidentes están implicadas personas jóvenes, y para un padre es muy difícil asimilar que su hijo ha muerto antes que él porque es un tema contranatural”, afirmó.
En estos casos, aclaró que las actitudes más frecuentes que se padecen son la negación de la pérdida, la no aceptación, y la tristeza, que en muchas ocasiones terminan derivándose en una depresión, daño psicológico muy común en estos casos, y subrayó que los principales consejos psicológicos que se les ofrece son “afrontar la vida sin esa persona y encontrar en su vida cosas que pueda seguir haciendo aun con la pérdida de esa persona”. Es decir, “aprender a vivir con ello”.
La ayuda familiar es “fundamental” para superar los traumas que pueden derivarse tras sufrir un accidente, y añadió que sus consecuencias psicológicas pueden ser “muy graves”, llegando a modificar la actitud de estas personas ante las cosas cotidianas.
El duelo
El dolor es una reacción ante la pérdida, pero también es parte del duelo, que es el proceso de superar la pérdida de la persona que falleció. El duelo es un proceso sano que busca reconfortarnos, hacer que aceptemos la pérdida y encontremos formas de adaptarnos.
Superar el gran dolor de una pérdida no significa que uno se olvide de la persona que falleció. El duelo sano consiste en encontrar la forma de recordar al ser querido y adaptarnos a nuestra vida sin su presencia.
Las personas suelen experimentar reacciones dolorosas como sentimientos que van y vienen. En ocasiones, cuando la pérdida es muy reciente, el dolor es muy intenso. Pero algunas personas no sienten ese dolor de inmediato. Se sienten paralizadas, en shock o niegan lo sucedido. Puede tomar tiempo aceptar la realidad de que el ser querido se ha ido.
El entorno familiar también se ve alterado y el duelo tiene una gran importancia en ello.
Es importante acceder a una rápida contención psicológica; informes internacionales explican que este tipo de atención primaria tiene que ser inmediata para ser efectiva.
La Atención Primaria
En el aspecto de la atención primaria, hay que resaltar la importancia de recibir tratamiento psicológico desde el principio, para que la recuperación sea efectiva y lo más beneficiosa posible para la víctima, en ocasiones no nos damos cuenta de que realmente precisamos de esta asistencia, siendo que de lo contrario, pasado el tiempo, sufriremos las consecuencias, porque una herida sino se cierra sigue abierta pase el tiempo que pase.
El daño moral tendrá como primer requisito la demostración del mismo y una de las manifestaciones clásicas de este se identificará con el trastorno de estrés postraumático que podrá ser considerado como la huella primaria y como secuela indirecta en los casos en que haya depresión y distimia.
Las consecuencias más graves de un accidente, a veces, no son las que se ven.
Los daños psicológicos después de un accidente de tráfico
Un estudio realizado por la Federación Europea de Víctimas de Tráfico dio como resultado que la gran mayoría de las secuelas psicológicas pueden ser sorprendentemente variadas: problemas para dormir, dolores de cabeza, pesadillas angustiantes, stress, falta de interés, pérdida de confianza en sí mismo, ataques de ansiedad, depresión, fobias, trastornos alimenticios, ira, resentimiento y sentimientos suicidas. El mismo trabajo indica que tras muchos años de ocurrido el accidente, el 25%de las víctimas se ve a sí mismo como suicida potencial.
Estas alteraciones pueden aparecer hasta pasados seis meses del accidente y el tratamiento que se indica suele ser una terapia cognitivo-conductual, por la brevedad y rapidez de la misma. Cuando el accidente deja secuelas físicas importantes las consecuencias psicológicas también lo son, sobre todo cuando éstas alteran la cotidianeidad a lo largo del tiempo y provocan una incapacidad física que se traduce por poner un ejemplo, en no poder atender a tus hijos menores o no poder desempeñar el trabajo que se venía realizando con carácter previo al siniestro.
Trastornos Neuróticos
En primer lugar, el paciente ha debido exponerse a un acontecimiento estresante o situación de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, como es un accidente de tráfico, que podría desembocar en consecuencias desastrosas para su bienestar.
También se requiere un recuerdo continuado o reaparición del recuerdo del acontecimiento estresante, recuerdos de gran viveza, sueños recurrentes o sensación de malestar al enfrentarse a circunstancias parecidas o relacionadas con el agente estresante.
Las siguientes características agrupan la complejidad de los trastornos neuróticos.
- Incapacidades para recordar parcial o completa
- Síntomas persistentes de hipersensibilidad psicológica y activación, que no existían antes del accidente, tales como:
- Dificultad para conciliar o mantener el sueño
- Irritabilidad
- Dificultad de concentración
- Facilidad para distraerse
- Sobresalto constante
Trastorno permanente del humor
Cuando hay lesiones graves, después de un accidente, existen lesiones postraumáticas con tratamientos complejos y de larga duración que dejan secuelas importantes, puede subsistir un estado psíquico permanente, consistente en alteraciones persistentes del humor. Se descartan en este apartado aquellos casos en los que hayan existido antecedentes de patología afectiva previa, que se valorarán como agravación de un estado previo.
Para el diagnóstico del trastorno depresivo deben de cumplirse ciertos criterios:
- Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva o de la observación por parte de otras personas
- Disminución importante del interés o placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días
- Pérdida importante de peso sin hacer dieta
- Insomnio
- Agitación
- Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
- Sentimientos de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada
- Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días
- Pensamientos de muerte recurrente, ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan especifico para llevarlo a cabo
Trastorno Distímico
Este tipo de trastorno requiere que el diagnóstico de trastorno depresivo sea persistente durante un mínimo dos años. Son necesarios además los siguientes síntomas:
- Poco apetito o sobrealimentación
- Insomnio o hipersomnia
- Poca energía o fatiga
- Autoestima baja
- Falta de concentración o dificultad para tomar decisiones
- Sentimientos depresivos
La vida diaria con sus constantes preocupaciones puede ocasionar que la salud psicológica del siniestrado esté bajo mínimos y que el accidente no haya sido más que el detonante de ese estado previo de angustia que sufre la víctima.
Por eso, hacemos tanto hincapié en recomendar que será necesario que un profesional cualificado emita un dictamen en el que se aclare que el siniestro ha sido el mecanismo provocador de los daños psicológicos, o en el peor de los casos de la agravación a posteriori de los que se sufriera previamente.
“La Educación Vial en el presente, es nuestro salvavidas del futuro”
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