Este artículo está pensado para eso: para que llegues a esa valoración con los deberes hechos, sin improvisar, sin caer en errores tontos y sin regalarle a nadie argumentos para minimizar tus lesiones.
Por qué el perito médico es tan importante en una reclamación
El perito médico no está para “ver si te duele o no” de forma superficial. Su función es valorar médicamente las lesiones temporales, las secuelas, la evolución clínica, los tratamientos realizados y la relación de todo ello con el accidente. En otras palabras: traduce tu daño a un lenguaje que después sirve para cuantificar la reclamación.
Si esa valoración sale corta, el problema no es solo médico. Es económico. Un informe pobre o incompleto puede rebajar días de perjuicio personal, reducir sesiones de tratamiento, negar secuelas, relativizar dolores persistentes o presentar como “antecedente previo” algo que en realidad el accidente agravó de forma clara.
Por eso la visita al perito médico no es un trámite menor. Es una de las fases más delicadas de todo el proceso.
Qué suele mirar un perito médico para valorar tus lesiones
Aunque cada caso tiene matices, hay una serie de elementos que el perito médico suele revisar sí o sí. El primero es la coherencia entre el accidente y las lesiones. El segundo, la cronología: cuándo acudiste a urgencias, qué síntomas referiste, qué pruebas te hicieron, qué evolución tuviste y qué tratamiento seguiste. El tercero, la persistencia y objetivación del daño: si hay informes, resonancias, rehabilitación, bajas, limitaciones funcionales o exploraciones físicas compatibles con lo que cuentas.
También mira mucho la consistencia del relato. Si en urgencias dijiste una cosa, en rehabilitación otra y ante el perito cuentas una tercera versión distinta, mala señal. No porque estés mintiendo necesariamente, sino porque eso abre la puerta a que la compañía diga que tu cuadro no es sólido o que está sobredimensionado.
Y hay otro punto clave: los antecedentes médicos. Si tenías problemas previos de espalda, cuello, rodilla, ansiedad o cualquier otra patología relacionada, el perito va a fijarse. Pero ojo: tener antecedentes no anula automáticamente tu derecho a reclamar. Lo que importa es si el accidente provocó una lesión nueva o agravó claramente una situación previa.
Errores que hacen que te minimicen las lesiones
El primero es acudir al perito sin documentación ordenada. Parece una tontería, pero no lo es. Mucha gente va confiando en que “ya tendrán los informes”. Error. A veces faltan papeles, no consta una prueba, no aparece una sesión, o el historial está incompleto. Y luego ese hueco lo pagas tú.
El segundo error es quitarse importancia por vergüenza o por hacerse el fuerte. Hay personas que, por no parecer exageradas, dicen frases como “bueno, ya voy tirando”, “no es para tanto” o “me duele, pero se aguanta”. Eso, trasladado a un informe, puede convertirse en una lesión aparentemente leve. Y luego recuperar terreno cuesta muchísimo.
El tercer error es el contrario: sobreactuar. Si magnificas síntomas de una forma que no encaja con la documentación médica, también pierdes credibilidad. La clave no es dramatizar ni minimizar. La clave es ser preciso, consistente y claro.
Otro fallo clásico es no explicar bien cómo te limita la lesión en tu vida real. El perito no solo debe saber que te duele el hombro o el cuello. Tiene que entender si no puedes conducir bien, dormir de una postura, trabajar con normalidad, coger peso, hacer ejercicio o atender a tus hijos como antes. Si no se verbaliza, muchas limitaciones se quedan fuera del radar.
Cómo prepararte antes de la cita con el perito médico
Lo ideal es llegar con un expediente limpio, ordenado y completo. Lleva reunidos todos los documentos relevantes: informe de urgencias, partes de baja y alta, informes de traumatología, rehabilitación, pruebas diagnósticas, recetas, partes de fisioterapia, informes psicológicos si los hay, y cualquier documento que refleje la evolución real de tus lesiones.
Además, prepara una cronología sencilla. No hace falta redactar una novela. Basta con tener claro: fecha del accidente, primeros síntomas, primera asistencia, tratamientos recibidos, pruebas realizadas, evolución del dolor, limitaciones actuales y qué cosas sigues sin poder hacer con normalidad. Esto ayuda muchísimo a no dejarse nada importante en la consulta.
También conviene apuntar por escrito los síntomas que persisten: dolor, hormigueos, mareos, falta de fuerza, limitación de movilidad, problemas para dormir, ansiedad, miedo a conducir, cefaleas, etcétera. El día de la exploración hay gente que se bloquea, va nerviosa o simplemente olvida la mitad. Tenerlo trabajado antes evita que luego digas “se me pasó comentarlo”.
Y algo más: no vayas a la cita sin haber revisado lo que pone en tus informes. Si un documento habla de cervicalgia, otro de lumbalgia y otro de limitación de hombro, tienes que saber explicarlo de forma coherente. No puedes ir perdido con tu propio caso.
Qué decir y cómo decirlo ante el perito
Cuenta la verdad, pero cuéntala bien. Eso significa hablar con claridad, sin adornos y sin expresiones ambiguas. No digas “a veces me noto raro”. Di exactamente qué notas: dolor punzante, limitación al girar el cuello, mareos al conducir, dificultad para levantar el brazo, insomnio por postura, miedo a subirte al coche o cansancio al caminar.
Describe también cuándo aparece el problema y qué te impide hacer. El perito entiende mejor una limitación concreta que una queja genérica. No es lo mismo decir “me duele la espalda” que decir “a los veinte minutos sentado en el coche tengo que cambiar de postura porque me aumenta el dolor y se me irradia”. Lo segundo retrata mejor el daño.
No intentes adivinar lo que el perito quiere oír. No compitas con él. No discutas por orgullo. Pero tampoco dejes pasar afirmaciones erróneas si ves que algo importante no se está entendiendo. Se puede corregir con educación y firmeza.
La exploración física: no es un teatro, pero tampoco un examen pasivo
Durante la exploración física, colabora. Sigue las instrucciones. Pero no fuerces movimientos “para quedar bien” ni hagas más de lo que realmente puedes hacer sin dolor. Muchísima gente cae en eso por impulso y luego el rango de movilidad queda reflejado mejor de lo que en realidad está.
Si un movimiento te duele, dilo en el momento. Si lo haces con limitación, también. Si una maniobra te genera irradiación, pinchazo, mareo o bloqueo, explícalo. No se trata de montar una escena. Se trata de que la exploración recoja cómo respondes de verdad.
Recuerda además que la exploración no debería quedarse solo en lo físico. En la pericia oficial por accidentes de tráfico, la valoración puede abarcar también aspectos psíquicos cuando formen parte del daño reclamado. Si tienes síntomas emocionales o psicológicos relevantes derivados del accidente y están documentados, no los escondas.
Qué pasa si faltas, no colaboras o no llevas la documentación necesaria
Aquí no conviene jugar. En la pericia oficial de los Institutos de Medicina Legal y Ciencias Forenses, si la víctima no presta consentimiento, no acude sin causa justificada o no aporta la documentación imprescindible, puede considerarse que desiste de la pericia. Es decir: puedes cargarte una vía muy útil para defender tu caso por una mala gestión básica.
Además, tanto el perjudicado como la aseguradora tienen obligación de actuar con buena fe y máxima colaboración, aportando la documentación médica relevante que quieran hacer valer. Si tú no llevas tus cartas preparadas, no esperes que el expediente se construya solo.
Después del informe: revisarlo también es parte de la estrategia
Otro error muy frecuente es pensar que, una vez emitido el informe pericial, ya no hay nada que mirar. Sí lo hay. Hay que revisar si recoge correctamente la información del accidente, si refleja bien la documentación médica utilizada, si valora de forma completa las lesiones temporales y las secuelas, y si deja fuera algo importante que sí se había planteado.
En la pericia oficial, el informe debe emitirse con carácter definitivo cuando las lesiones se han consolidado o las secuelas se han estabilizado. Y tanto el perjudicado como la aseguradora pueden pedir aclaración de aspectos no resueltos con claridad en un plazo breve desde su recepción. Eso significa que no hay que tragarse sin más un informe confuso, incompleto o mal enfocado.
Y si la aseguradora ya te ha presentado una oferta motivada, recuerda que esa oferta debe estar justificada con documentación e informes suficientes. No vale con darte una cifra cerrada y esperar que firmes. Si no estás de acuerdo, hay vías para discutirla y pelearla con base médica y jurídica.
Checklist rápida para ir fuerte a la valoración pericial
Antes de la cita: reúne toda la documentación, ordena una cronología del caso, anota síntomas actuales y limitaciones, revisa tus informes y detecta posibles vacíos.
Durante la cita: sé claro, concreto y coherente; no minimices, no exageres, no improvises; explica cómo te afecta la lesión en tu día a día y colabora sin forzar movimientos.
Después de la cita: revisa el informe, compara lo recogido con tu situación real y valora si hace falta pedir aclaraciones o combatir una oferta insuficiente.
FUNDACION AVATA TE AYUDA
El perito médico puede ayudarte a consolidar una reclamación seria o puede convertirse en el punto donde te rebajan el daño si llegas mal preparado. Por eso, si has sufrido un accidente de tráfico, no vayas a esa valoración “a ver qué pasa”. Ve con estrategia, con documentación y con las ideas claras.
Porque en estos casos, la diferencia entre una lesión bien defendida y una lesión minimizada no suele estar solo en el dolor que tienes. Suele estar en cómo se acredita, cómo se explica y cómo se pelea.
En Fundación AVATA ayudamos al accidentado a preparar su caso con cabeza, a detectar recortes en informes y ofertas, y a defender una reclamación para que no le paguen menos de lo que realmente le corresponde.

