El 92% de los fallecidos en accidentes de tráfico que dieron positivo en alcohol en 2017, eran hombres;  y solo el ocho por ciento de quién perdió la vida tras consumir drogas, eran mujeres.  Los resultados son claros e imprimen una menor preocupación de los hombres en el consumo de sustancias incompatibles con la conducción.

Así, la mujer parece adquirir una responsabilidad mayor en el respeto de las normas de tráfico. La tasa de fallecidos las avala. Así, en términos de velocidad, solamente un 10% de mujeres sobrepasó los límites de velocidad, mientras que un 40% de los hombres circuló por encima de los límites establecidos. Cabe recordar aquí que, conducir bien es una cuestión de precaución, no de género. De hecho, el balance en cuestión de sexo de los conductores fallecidos dice que fallecen aproximadamente 9 hombres por cada mujer que pierde la vida en la carretera.

Como dato para el análisis, indicar que,  en los hombres los fallecimientos ocurren más entre los 35 y los 44 años mientras que en las mujeres ocurre normalmente en el sector directamente consecutivo, el de los 45 a los 54 años.

De los análisis de la Dirección General de Tráfico indican que  por cada mujer fallecida en accidente de tráfico que consumió alcohol, drogas o psicofármacos, hay 11 conductores varones muertos y en otra variable destacar que, en el conjunto de los conductores noveles fallecidos se registran 36 muertes, de entre los que una es mujer.

A pesar de los datos, no puede asegurarse con exactitud si la siniestralidad se vería reducida con mayor presencia de la mujer en las carreteras. El número de factores va más allá de una concentración de géneros pero las estadísticas, muestran una realidad incuestionable. La mujer al volante significa mayor respeto por la convivencia en el ámbito vial y precaución ante la vida. Dos valores que sin duda, son positivos para cualquiera de los géneros.