En la Fundación Avata nos gusta rodearnos de gente que vive nuestro proyecto, con el mismo entusiasmo que nosotros desde el minuto cero.
Hoy queremos que conozcáis más de cerca la delegación de la Fundación Avata en Bilbao, donde Laura Azpiazu y Azucena Pérez ponen la cara amable, a todas las personas que se acercan después de tener un accidente de tráfico.
Les hemos pedido que nos cuenten ellas, como es su día a día y la verdad nos ha encantado.
Somos dos amigas que comenzamos nuestra andadura profesional hace 12 años.
Antes de empezar con este proyecto laboral, las dos vivimos duras experiencias relacionadas con accidentes de tráfico.
Al vivirlo en primera persona, podemos decir que aunque no sabíamos entonces mucho de este mundo, si vivimos lo peor de él.
Esto fue, lo que nos impulsó a crear nuestra empresa y posteriormente formar parte de un proyecto que nos ilusiona y en el que creemos, como es la Fundación Avata.
En los 12 años que llevamos trabajando en este proyecto para ayudar a las personas que han tenido un accidente, podemos decir que hemos sufrido mucho con ellos…
Aunque a la vez, hemos sido muy afortunadas por llevarnos a nuestras casas un montón de agradecimientos de muchas personas, que en un principio se sentían vulnerables y desprotegidos y no veían la manera de hacer frente a las aseguradoras, ni de poder superar la mala experiencia que supone tener un accidente.
Estos agradecimientos nos han hecho llegar hasta donde hoy estamos y son los que no nos dejan perder la ilusión para seguir luchando por todos vosotros.
Desde nuestra delegación en Bilbao, ponemos una sonrisa amable a todas las personas que nos visitan.
Porque estamos seguras, que por muy negro que se vean las cosas, al final con el trabajo que realizamos desde la Fundación, conseguiremos que se vea de nuevo la luz del sol.
Y desde luego después de 12 años trabajando duro, solo podemos agradecerles a todas las personas que nos han hecho crecer tanto a nivel laboral, como personal.
Nos habéis hecho mejores personas y solo por eso merece la pena el desgaste físico y emocional que a veces sufrimos por implicarnos en vuestros casos como si fueran realmente nuestros.
Después de este testimonio, solo podemos agregar, que lo que tienen es un corazón que no les entra en el pecho.
Si queréis podéis seguirlas en Facebook y en Twitter
Un abrazo desde la Fundación y gracias por acompañarnos en nuestro día a día.






