CURIOSIDADES · MOVILIDAD Y SEGURIDAD VIAL
Coches eléctricos en España: anécdotas de una revolución que empezó hace más de un siglo
Cuando hoy vemos circular por nuestras ciudades un coche eléctrico silencioso, con su pegatina cero emisiones y su punto de recarga esperando en el garaje, cuesta imaginar que esta tecnología no es ninguna novedad del siglo XXI. De hecho, los primeros vehículos eléctricos circularon por las calles españolas hace más de cien años, mucho antes de que el motor de combustión se impusiera como estándar.
La historia de la electrificación del automóvil en España está llena de anécdotas curiosas, intentos pioneros y un regreso, casi un siglo después, motivado por razones muy distintas a las originales.
En AVATA, además de velar por la seguridad vial y ayudar a las víctimas de accidentes de tráfico, nos gusta repasar la historia de la movilidad. Porque entender cómo hemos llegado hasta aquí también ayuda a circular con más conciencia hoy.
¿Has sufrido un accidente de tráfico? En la Fundación AVATA ofrecemos orientación gratuita y ayuda al accidentado para que conozcas tus derechos y sepas cómo reclamar una indemnización justa, sea cual sea el tipo de vehículo implicado.
1900: cuando el eléctrico ganaba la partida al motor de gasolina
A comienzos del siglo XX, el coche eléctrico no era una rareza: era, junto al vapor, una de las tecnologías dominantes del automóvil. Silencioso, sin necesidad de manivela de arranque (un dato nada menor para las mujeres conductoras de la época, para quienes arrancar un motor de combustión resultaba físicamente muy exigente) y sin los humos ni el ruido del motor de explosión, el eléctrico era la opción preferida para trayectos urbanos cortos.
En España, los primeros vehículos eléctricos de uso particular y comercial circularon en Madrid y Barcelona en las dos primeras décadas del siglo XX, importados principalmente desde Francia y Estados Unidos. Empresas de reparto y algunos servicios municipales apostaron por la tracción eléctrica precisamente por su fiabilidad en distancias cortas dentro de la ciudad.
Sin embargo, la autonomía limitada de las baterías de la época, el elevado coste de fabricación y, sobre todo, el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo que abarataron drásticamente el combustible, inclinaron la balanza hacia el motor de combustión interna. Para los años 20, el coche eléctrico había quedado relegado a un papel casi anecdótico.
El eclipse: décadas de motor de combustión
Durante buena parte del siglo XX, el coche eléctrico prácticamente desapareció del imaginario colectivo español. El desarrollo de la industria petrolera, la popularización del motor Ford y, más adelante, el desarrollo del sector automovilístico nacional con marcas como SEAT (fundada en 1950), consolidaron el motor de combustión como sinónimo absoluto de «coche».
Solo en momentos puntuales de crisis energética, como la crisis del petróleo de 1973, resurgió brevemente el interés por alternativas eléctricas, aunque sin llegar a materializarse en una producción a gran escala. Fueron décadas en las que la seguridad vial en España tampoco estaba desarrollada como hoy la conocemos: no existía aún la Dirección General de Tráfico tal y como la entendemos, ni normativas modernas de circulación, y los accidentes de tráfico eran gestionados de forma muy distinta a la actual.
Dato curioso: en 1900, más del 30% de los vehículos que circulaban en las grandes ciudades europeas y estadounidenses eran eléctricos, frente a un porcentaje similar de vapor y otro de gasolina. El eléctrico no era la excepción, era una de las tres grandes apuestas tecnológicas.
El regreso: de la anécdota a la revolución del siglo XXI
El renacimiento del coche eléctrico en España empezó tímidamente a finales de los años 2000, con modelos pioneros y una infraestructura de recarga casi inexistente. La verdadera revolución llegó con la mejora exponencial de la tecnología de baterías de ión-litio, el compromiso europeo con la reducción de emisiones y, en los últimos años, los planes de ayudas como el MOVES III y sus sucesivos.
A diferencia de hace un siglo, cuando el eléctrico se abandonó por su falta de autonomía y de infraestructura, hoy el reto es exactamente el contrario: desplegar suficientes puntos de recarga y seguir mejorando la autonomía para hacer del eléctrico una alternativa real también en trayectos largos.
Curiosamente, la razón original de su éxito (el silencio, la ausencia de emisiones locales) sigue siendo hoy su gran argumento, aunque ahora enmarcado en la lucha contra el cambio climático y la mejora de la calidad del aire en las ciudades, más que en la comodidad de no tener que arrancar con manivela.
Coches eléctricos y seguridad vial: lo que ha cambiado
Más allá de la anécdota histórica, la proliferación de coches eléctricos plantea también nuevos retos de seguridad vial que conviene tener presentes:
- Su silencio a baja velocidad aumenta el riesgo de atropello a peatones y ciclistas que no los oyen acercarse, motivo por el cual la normativa europea obliga desde hace años a instalar un sistema de aviso acústico (AVAS) en vehículos eléctricos e híbridos.
- El mayor peso de las baterías modifica el centro de gravedad y el comportamiento del vehículo en frenadas y curvas respecto a un vehículo de combustión equivalente.
- La aceleración instantánea, muy superior a la de un motor de combustión convencional, exige una adaptación de conducción, especialmente en conductores noveles o poco habituados a este tipo de propulsión.
Estos factores no hacen que el coche eléctrico sea más peligroso, pero sí introducen matices distintos que conviene conocer, tanto si conduces uno como si compartes vía con ellos como peatón o ciclista.
Regla AVATA
Da igual si el vehículo implicado en un accidente es eléctrico, híbrido o de combustión: tus derechos como víctima no cambian. Lo que sí cambia es la necesidad de un buen asesoramiento técnico y jurídico, porque estos vehículos incorporan sistemas de seguridad y particularidades técnicas que un perito o un abogado con experiencia sabrá interpretar correctamente en el atestado.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo llegó el primer coche eléctrico a España?
Los primeros vehículos eléctricos circularon en Madrid y Barcelona en las primeras dos décadas del siglo XX, principalmente para uso comercial y de reparto urbano.
¿Por qué desapareció el coche eléctrico durante el siglo XX?
Principalmente por la limitada autonomía de sus baterías, su elevado coste frente al motor de gasolina, y el abaratamiento masivo del petróleo, que hizo mucho más rentable y práctico el motor de combustión.
¿Es más seguro un coche eléctrico que uno de combustión?
No es una cuestión de «más» o «menos» seguro en términos absolutos: presenta particularidades distintas (silencio, aceleración, peso de baterías) que requieren adaptación tanto del conductor como de peatones y ciclistas.
Enlaces relacionados: Seguridad vial y vehículos eléctricos · Pasos para reclamar una indemnización. (Nota interna: verificar URLs exactas antes de publicar.)
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