Duelo – Inteligencia emocional ante las pérdidas.

«Todo lo que amamos nos lo pueden arrebatar, lo que no nos pueden quitar, es nuestro poder de elegir qué actitud asumir ante estos acontecimientos»
Victor Frankl.

¿Qué sucede psicológicamente después de un accidente de tráfico?, ¿Que reacciones son comunes?, ¿Hay emociones «permitidas y prohibidas»?, ¿Cómo se manejan las emociones conectadas a las secuelas?, ¿Es sano expresar la rabia y la tristeza? Estas son algunas de las preguntas que se plantean ante el duelo en accidentes de tráfico.
El duelo es una sensación de pérdida sin posibilidad de reparación. Se suele asociar a la muerte pero puede tener distintas causas: La desaparición de un ser querido, la pérdida de la salud, las consecuencias físicas y psicológicas de un accidente de tráfico o un divorcio. Todas ellas, provocan emociones y sentimientos que tienen una base común, pero que se diferencian en la intensidad y en la capacidad para asumir la pérdida. Es una experiencia íntima que cada persona vive de una manera individual, incluso cuando hay que enfrentarse a un duelo común dentro de una familia, cada miembro lo vivirá de un modo distinto. Existen factores mediadores relevantes que influyen en el proceso de duelo, la manera de morir, las circunstancias del accidente de tráfico, la naturaleza del apego, las redes de apoyo social y los recursos personales.
La concepción clásica del duelo, divide la elaboración del duelo en 5 fases:
Negación: Primera de las etapas del proceso de duelo, puede durar desde unas horas hasta el tiempo ilimitado. La negación surge como una respuesta inconsciente del ser humano, a modo de mecanismo de defensa que impide la toma de conciencia de la pérdida. Durante esta fase, él superviviente no toma conciencia de las consecuencias del accidente o sigue buscando a la persona fallecida, esto puede dar lugar a pseudo alucinaciones en las que se tiene la sensación de no haber sufrido secuelas o se cree percibir al fallecido.

Ira: Aparece por la sensación de vacio que queda tras el fallecimiento o las secuelas del accidente. La sensación de falta de apoyo y soledad genera rabia o ira hacia uno mismo, hacia los otros o hacia nuestras propias creencias. Una de las preguntas más habituales es ¿Por qué a mí?

Culpa: Esta etapa suele ser la más difícil de elaborar en el proceso de duelo. La sombra de la culpa puede estar presente mucho tiempo después del accidente o del fallecimiento. En ella, la persona superviviente comienza a buscar posibles culpables a lo que le ha sucedido, para acabar auto culpabilizándose mediante pensamientos recurrentes como «si hubiera cogido el tren o el autobús», «si no le hubiera dejado comprar la moto».

Tristeza-Depresión: En esta etapa doliente, empieza a tomar conciencia de la pérdida e intenta recordar como era su vida antes del accidente, utilizando fotos, recuerdos u objetos que le faciliten sensaciones de nostalgia que poco a poco comienza a perder. Al ir asimilando el dolor y la pérdida comienza a plantearse el futuro y esto le genera miedo debido, sobre todo, a la sensación de vacío generada por la pérdida de capacidades o la falta de ser querido. En esta fase del duelo la pregunta más frecuente quizá sea: ¿Y ahora que hago yo?

Aceptación: Es la última etapa del proceso, llega el momento de aceptar la muerte o las consecuencias del accidente y de tratar de rehacer la vida. En esta etapa comenzamos a desprendernos de objetos y de recuerdos de la persona difunta. El doliente se resigna ante la realidad de seguir viviendo. Es el momento de tomar decisiones sobre cómo será a partir de ahora la vida y de resolver aquellos asuntos pendientes.
Los duelos no resueltos se asocian a problemas de salud como depresión, ansiedad, abuso de fármacos y alcohól, problemas cardíacos o ideación suicida.

Un tercio de las consultas en atención primaria tienen origen psicológico, y de estas, una cuarta parte es el resultado de algún tipo de pérdida o duelo. Pero ante esta necesidad asistencial no se dan los recursos públicos necesarios para atender a todas aquellas que quieran compartir su pérdida y nutrirse de un asesoramiento que les guíe y les oriente en este difícil y largo camino.