Perjuicio moral por pérdida de calidad de vida

10 de septiembre de 2021

Por Patricia Andres del Riego, abogada.

drogas

Existe un concepto indemnizable que, en muchos casos, se obvia reclamar, quedando difuminado entre los vericuetos del baremo. Nos estamos refiriendo al perjuicio por pérdida de calidad de vida, aspecto reclamable en los supuestos en que las secuelas de la víctima del accidente no conllevan la incapacidad laboral reconocida por el INSS.

Este concepto indemnizatorio se regula a continuación de los daños morales complementarios, dentro del apartado del perjuicio personal particular, en los artículos 107 a 109.

Cuando se aprobó el actual baremo se introdujo como novedad, a fin de contemplar el daño y perjuicio moral causado, respondiendo al principio de reparación integral, considerando que el existente anteriormente no era efectivo al no valorar, de forma expresa, la totalidad de los posibles perjuicios generados a una víctima de accidente.

Es posible que se pase por alto este concepto indemnizatorio, tal olvido es relativamente frecuente y perjudica, de forma preocupante, los intereses de la víctima del accidente de tráfico.

 

Este aspecto indemnizatorio nos lleva a la necesidad de abordar el concepto de la calidad de vida como bien jurídico específico, teniendo en consideración su elevado nivel de importancia indemnizatoria, siendo imprescindible determinar tanto el concepto genérico de la calidad de vida como de los elementos que la definen.

¿Qué es el perjuicio moral?

Se encuentra definido en el artículo 107. Perjuicio moral por pérdida de calidad de vida ocasionada por las secuelas.

La indemnización por pérdida de calidad de vida tiene por objeto compensar el perjuicio moral particular que sufre la víctima por las secuelas que impiden o limitan su autonomía personal para realizar las actividades esenciales en el desarrollo de la vida ordinaria o su desarrollo personal mediante actividades específicas.

Tal precepto, por tanto, establece una vertebración del concepto calidad de vida diferenciando:

  • Las actividades esenciales de la vida. Estas afectan a la autonomía de la persona.
  • Las actividades del desarrollo personal y dentro de estas últimas:
      • El desarrollo personal a través de la actividad laboral
      • El desarrollo personal a través de la actividad no laboral

Para seguir precisando en lo posible este concepto, aparentemente claro, hemos de definir lo que la norma denomina “actividades esenciales de la vida ordinaria” y “actividades de desarrollo personal”, debiendo acudir a los artículos 51 y 54 de la Ley.

 

Artículo 51. Actividades esenciales de la vida ordinaria.

A efectos de esta Ley se entiende por actividades esenciales de la vida ordinaria comer, beber, asearse, vestirse, sentarse, levantarse y acostarse, controlar los esfínteres, desplazarse, realizar tareas domésticas, manejar dispositivos, tomar decisiones y realizar otras actividades análogas relativas a la autosuficiencia física, intelectual, sensorial u orgánica.

Las actividades esenciales de la vida ordinaria, referidas en el artículo anterior son claramente imprescindibles, de ahí su interés en la graduación del perjuicio por pérdida de calidad de vida, no siendo difícil comprender que tales limitaciones para tareas como alimentarse, asearse y vestirse, y todas las enumeradas en el precepto suponen una gravísima limitación de la vida diaria y una consiguiente pérdida de autonomía personal.

El siguiente precepto citado (el artículo 54) define el concepto de desarrollo personal, siendo aquellas actividades que, sin suponer estrictamente una pérdida de autonomía personal, impiden el normal desarrollo de actividades laborales, de ocio, disfrute o placer, que proyectan el desarrollo de la persona en el ámbito social:

 

Artículo 54. Actividades específicas de desarrollo personal.

A efectos de esta Ley se entiende por actividades de desarrollo personal aquellas actividades, tales como las relativas al disfrute o placer, a la vida de relación, a la actividad sexual, al ocio y la práctica de deportes, al desarrollo de una formación y al desempeño de una profesión o trabajo, que tienen por objeto la realización de la persona como individuo y como miembro de la sociedad.

Es el momento de abordar la graduación del perjuicio moral por pérdida de calidad de vida:

 

Existen 4 grados contemplados en el Baremo:

Muy grave: El lesionado no puede realizar la casi totalidad de actividades esenciales en el desarrollo de la vida ordinaria, esto supone una limitación profunda e irreversible. Estaríamos ante secuelas gravísimas, que mantienen al lesionado en un estado de dependencia total y absoluta (vegetativo).

Grave: Es un estado que se aproxima al concepto de la incapacidad permanente absoluta, por ser la limitación extensa e importante. Se contemplan dos posibilidades para considerar que estamos en este grado:

  • Accidentado que no puede realizar “algunas de las actividades esenciales en el desarrollo de la vida ordinaria”
  • Accidentado que se ve impedido para “la mayor parte de sus actividades específicas de desarrollo personal”.

Moderado: Afecta a una parte importante (relevante, al menos la mitad) de las actividades específicas de desarrollo personal. En algunos casos comparativamente hablando se equipara a la incapacidad permanente total.

Leve: Concurre cuando, no estamos en los casos anteriores y existen secuelas de más de seis puntos que suponen la pérdida de la posibilidad de llevar a cabo actividades específicas que tengan especial trascendencia en el desarrollo personal.

Ni que decir tiene que es deseable acreditar las actividades de desarrollo personal que hacía y no puede hacer el lesionado, debiendo demostrar que el accidentado las llevaba a cabo y eran especialmente trascendentes para él.

 

Cómo se calcula el perjuicio moral por pérdida de calidad de vida:

Este concepto indemnizatorio se calcula dentro de una horquilla económica que ofrece el baremo (actualización 2021):

Muy grave:                          de 94.819,28€ hasta 158.032,13€

Grave:                                 de 42.141,90€ hasta 105.354,75€

Moderado:                           de 10.535,48€ hasta 52.677,38€.

Leve:                                   de 1.580,32€ hasta 152.764,39€

El artículo 109 del Baremo, nos da las pautas para la valoración del perjuicio por pérdida de calidad de vida.

Los aspectos para establecer la graduación dentro de cada horquilla son la importancia y el número de las actividades afectadas y la edad del lesionado que expresa la previsible duración del perjuicio, ya que cuanto más joven es el lesionado, durante más tiempo sufrirá la limitación y cuanto más importantes son las limitaciones o mayor es el número de actividades afectadas, mayor es el perjuicio ocasionado y, por consiguiente, la indemnización del mismo.

Por algún motivo que se escapa a mi entender las horquillas indemnizatorias se solapan pudiendo ocurrir que un perjuicio moral leve en su escala máxima puede recibir mayor indemnización que un perjuicio moderado en su intensidad inferior, lo cual es claramente confuso.

A menudo se acude a herramientas de medición como son las escalas de autocuidado (Barthel, FIM, FAM, Viabi -valoración independencia actividades básicas e instrumentales-); escalas de actividades instrumentales (Lawton y Brody, Viabi); escalas de valoración del dolor o escalas de las calidad de vida relacionada con la salud (CVRS), todas ellas muy utilizadas por expertos peritos.

 

En Fundación Avata de Ayuda al Accidentado podemos ayudarte, pues contamos con la colaboración de los mejores profesionales jurídicos y médicos especializados.

 

Este apartado indemnizatorio, el perjuicio moral por pérdida de calidad de vida, es una fuente constante de conflictos con las aseguradoras que, a menudo, supone la controversia judicial.

A priori los montantes indemnizatorios pueden parecer evidentes y fáciles de valorar pero la valoración va más allá de lo obvio y, realmente, se necesita contar con un apoyo profesional y objetivo, dado que las cantidades en juego son altas.

 

La Educación Vial en el presente, es nuestro salvavidas del futuro

Patricia Andres Del Riego

Abogada de la Fundación Avata

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